Cuando lo que de verdad importa no es el entreno…

Desde casi siempre que el deporte se ha profesionalizado, no han sido pocas las voces que han ido en constante aumento exponiendo que, dentro de una rutina de entrenamiento bien establecida, medida, consensuada y con el único objetivo de mejorar el rendimiento, la base y clave de todo está en, valga la redundancia, dicho entrenamiento: tanto aeróbico como anaeróbico.

Y es verdad que una buena puesta a punto requiere de, evidentemente, km de rodaje en bici, de running y de piscina, si lo que pretendemos es poder desarrollarnos de una manera completa. A estas evidencias se han ido sumando con el paso del tiempo, eminencias en otras disciplinas que han complementado esta idea con otras de vital importancia, como la importancia del descanso, de evitar el sobre-entrenamiento, de trabajar la mente (cosa de la que hablaremos en otro momento) de los estiramientos, de ir regularmente a especialistas (fisios, quiroprácticos…) y, desde hace mucho tiempo también, de la comida.

Desde mi punto de vista, el mayor de los culpables tanto del éxito como del fracaso. Sin ningún tipo de duda: la comida, y por extensión la dieta que llevemos, es el factor que nos va a hacer conseguir lo que hemos perseguido con tanto esfuerzo o quedarnos a las puertas.

El motivo es sencillo:

Mejor dieta=mejor estado físico=mejor entreno=mejores resultados=Vida más saludable.

Peor dieta= peor estado físico= peor entreno= peor recuperación= riesgo de lesión mayor.

Aunque es verdad que desde hace un par de años diversos ámbitos han venido reflejando la importancia capital que una buena dieta tiene en nuestro estado de salud (que recordemos, no es solo la ausencia de enfermedad). Aún así hay que seguir incidiendo en el tema ya que nos encontramos a día de hoy con la mayor cantidad de productos a nuestro alcance que jamás hayamos tenido, y es fácil caer en tentaciones, con el correspondiente ejercicio de irresponsabilidad que ello conlleva; recuerdo a principios del curso 2015-2016(cuando aún seguía trabajando en mi empresa) que había padres y madres que desconocían el precio que 1kg de mandarinas podía valer, comprando a sus hijos/as meriendas de “bolsa”. Vaya por delante que nadie nace sabiendo, pero este hecho me hizo pensar seriamente: “será verdad que no lo saben? cómo puedo hacer para que entiendan que esto es un tema que lleva un serio problema aparejado? y la verdad, que la respuesta fue más fácil de lo que me imaginaba (como suele ocurrir en estos casos) Dado que todas las tardes mis compañeros/as y yo llevábamos fruta para merendar, decidimos dar el ejemplo nosotros mismos y el resultado fue que, a las pocas semanas, lo que eran unos pocos se convirtieron en unos muchos y, al cabo de unos meses, prácticamente todos/as comíamos fruta para la merienda.

Esta pequeña ida por las ramas viene a colación de que a veces, y aunque nos cueste creerlo, no hacemos las cosas por pura desidia. Y en el caso de la comida, más aún sobre todo teniendo a nuestra disposición la cantidad ingente de productos envasados. Comer bien NO ES DIFICIL, solo lleva tiempo acostumbrar al cuerpo a aquellos productos a los que está menos acostumbrado (como la propias frutas y las verduras) ya que tenemos una enorme dependencia alimentaria de la industria cárnica.

En este sentido, quiero compartir lo que está siendo mi dieta (término que animo a utilizar y que no significa “lo que tengo que comer para adelgazar”) desde hace unas semanas y que, espero, sirva como punto de partida para seguir con las más saludables de las costumbres.

Recordad que todo lo que comemos tiene influencia directa en todos y cada uno de los músculos de nuestro cuerpo y que, si queremos progresar, ésta tiene que ser lo más equilibrada posible. Otro tema es el debate que está dándose nuevamente entre las cantidades diarias recomendadas, donde yo no me meto ya que no soy nutricionista, ni médico ni experto 😉

Yo me guío por estas normas:

  • Come todo lo que te dé la tierra en cada estación del año.
  • Deja las bebidas azucaradas.
  • En la comida, plástico no es buena señal.
  • Como decía Marge Simpson: la fruta es la golosina de la naturaleza.

Aquí os la dejo:

DESAYUNO:

1 café sin azúcar, un pomelo, 2 vasos de agua, 1 tostada de rugbrød con Philadelphia y aguacate.

ALMUERZO:

1 plátano, 1 manzana, 4 galletas integrales, 2 vasos de agua.

COMIDA:

2 tostadas de rugbrød con verduras, 2 vasos de agua y una zanahoria.

MERIENDA:

1 café con galletas (2) o apio con Philadelphia.

CENA:

-Ensalada de tallos/acelgas con aguacate, atún, apio, zanahorias, 1 cucharada de aceite de oliva y 1 huevo hervido.

O

-Quinoa hervida con atún, tomates y pepino, 1 cucharada de aceite de oliva

Disfrutad de la semana!!

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2 comentarios sobre “Cuando lo que de verdad importa no es el entreno…

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