El agricult@r y la desidia

La verdad es que hay veces que la vida te deja simplemente sin palabras. Bien porque pasa algo que no esperamos o bien porque algo que deseábamos acaba ocurriendo…aunque se dilate un poco más de lo que nos hubiera gustado.

Esto me ha pasado a mí esta mañana mientras entrenaba:

me he levantado como casi todos los días temprano, dispuesto a aprovechar hasta el último segundo del día, a tope, con energía, así que me he cogido la bicicleta y me he ido a rodar un poco antes del entreno del día. Cuando no llegaba a la media hora de bici, empieza a sonar el móvil así que me paro en el arcén a responder la llamada: señor Dawson, le llamo con motivo de ofrecerle una entrevista de trabajo a colación de la oferta X; por supuesto que sí! respondo. Cuelgo el teléfono y sigo rodando. Dado que el calentamiento de bici tenía previsto que fuera muy corto (únicamente 14.5km con un desnivel de +473m) cuando llego a casa para dejar la bici y ponerme las zapas, me entra un mensaje de llamada perdida: devuelvo la llamada y otra empresa que me ofrece hacer una entrevista a primera hora del día siguiente; por supuesto que sí, mañana nos vemos! Cuelgo con la mejor de las sonrisas, me calzo las NB 1500V2 y me voy a correr los 14km que me había marcado ayer por la tarde. Cuando estoy llegando a casa después de ir a 4´30min/km, algo me dice que el día no ha hecho más que empezar y, como quien no quiere la cosa, comienzo a rodar más despacio para no cargar las piernas a sabiendas de que algo bueno me va a pasar: no sé qué es, ni cuándo va a pasar, pero algo bueno es seguro, y eso lo tengo claro; como decía el personaje de Harvey Dos Caras en la trilogía del Caballero Oscuro: yo decido mi propia suerte.

En poco más de 10 minutos, entro por la puerta, estiro bien para no reventarme y me doy una ducha. Cuando salgo, a los 5 minutos, recibo la tercera llamada: le llamamos con motivo de la oferta X, mañana por la mañana le esperamos en la dirección XXXX. Muchas gracias, respondo yo.

Total: 3 llamadas para realizar entrevistas de trabajo en poco más de hora y media de día. Son las 12h y siento que todo el trabajo que llevo haciendo desde hace mes y medio, ha dado sus frutos. Una ilusión renovada ante un futuro que parecía más incierto que atractivo y, sobre todo, un espaldarazo a pensar que las decisiones pasadas se tomaron con todas las razones posibles, que la salida de la zona de confort se hizo dura pero con mucha alegría, a pesar de las dificultades…

Yo tengo claro, y cada día más, que lo que importa de verdad no es el resultado final, sino el aprendizaje que hemos tenido a lo largo del camino.

Y es que, a veces, ocurre que dejamos cosas a medio porque en los comienzos siempre los hacemos con el espíritu de un/a agricultor/a: preparamos el terreno bien, con mucho esfuerzo y cansancio para poder plantar las semillas y que, en un futuro que más o menos pretendemos creer que conocemos, brote el fruto que tanto deseábamos. Pero pasa, y pasa más de lo que nos gustaría, que ese traje de agricultor/a es solamente una parte de nuestro vestuario, y en verdad lo que llevamos puesto es el de la desidia, que nos hace abandonar cuando las señales no son lo suficientemente claras como para seguir; dejamos de lado lo que de verdad queremos porque, sencillamente, no somos capaces de ver el gran cuadro que queremos tener, y la constancia, la actitú (como diría Valentí San Juan) y la energía positiva desaparecen…se evaporan y nos quedamos en tierra de nadie.

Intentemos, aunque sea difícil, ponernos nuestra mejor sonrisa antes de salir de la cama.

Intentemos levantarnos cada día como si fuera el último porque, solo así, aprovecharemos todo lo que éste nos brinde.

Intentemos tender puentes, ser colaborativos, ayudar, mejorar las cosas; levantar muros solamente nos traerá complicaciones.

Intentemos desquitarnos de los miedos, demos un paso hacia adelante. Afrontemos nuevos retos. Conozcamos nuevos caminos, descubramos nuevas opciones.

Intentemos romper el statuo quo: porque siempre se haya hecho lo mismo y de la misma manera, no significa que ese sea el patrón.

Intentemos asumir que si hay algo que nos preocupa, no es tal: si tiene solución, es tontería entonces preocuparse y sino la tiene, no merece la pena gastar energías en ello, pues no tiene solución.

Pensemos que siempre habrá alguien que pueda ayudarnos y alguien quien quiera que le ayudemos. En eso consiste vivir. No lo olvidéis, en intentar cambiar el mundo.

Como diría Borges:

“… nuestra cobardía y nuestra desidia, tienen la culpa de que el ayer y el mañana sean iguales”

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